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lunes, 2 de abril de 2007

Mi cilindro lo pagas tú y tú y tú

El 10 de enero pasado se cumplieron trece años de la aprobación del Reglamento de Comercialización de Gas Licuado de Petróleo (D.S. Nº 01-94-EM). En este lapso la población peruana creció 20% y las ventas de GLP lo hicieron en un 259%, convirtiéndose en el combustible preferido para cocinar del 50.6% de las familias peruanas (80.1% en el caso de Lima/Callao). No cabe duda que el citado dispositivo fue oportuno y previsor pues garantizó este crecimiento sostenido que casi triplico el consumo de GLP de cada peruano promedio (de 9.0 a 26.7 Kgs/persona/año).

La política utilizada fue simple y necesaria para mercados que venían de tiempos de subsidio, escasez y nula reposición del parque de cilindros: Garantizar precios sujetos a las reglas del mercado (los mismos que permitían la importación competitiva en casos de escasez), promoción a los nuevos inversionistas y sus inversiones, así como la garantía de un respeto irrestricto a la propiedad e iniciativa privadas, sin tutelaje del Gobierno.

En 1994 se dio la largada en esta carrera por darnos a los consumidores peruanos energía limpia para cocinar, un entorno de competencia, diversidad de marcas y precios para escoger, cilindros (balones) nuevos, así como un servicio de primer nivel operando en condiciones de delivery y bajo precio. Recordemos que en los últimos 10 años (diciembre/diciembre), el precio medio de un balón de 10 Kgs de GLP aumentó 5.9% en USD, mientras que un Barril de crudo crecía 147%. Es quizá esta enorme ventaja de precios casi inmovibles los que motivan una actitud de mercado siempre alerta ante cualquier posibilidad de aumento.

Durante la carrera, algunas marcas se fueron consolidando en el mercado alentadas por el marco promocional que garantizaba la más importante de las inversiones de las plantas envasadoras, como son los balones. Adquirir cilindros nuevos y fabricados bajo exigentes normas técnicas peruanas que se fueron creando/adecuando en el camino fue una de las bases para soportar el enorme crecimiento de demanda y dar al ama de casa la seguridad de contar en su cocina con un elemento seguro y confiable.

Otras marcas no adicionaron valor a la cadena comercial y pretendían hacer de la industria una mera intermediación (sin publicidad, promoción, educación del consumidor, investigación de mercados, desarrollo de nuevas aplicaciones, sin inversiones en puntos de venta, sin preocupación por las condiciones de seguridad, etc.) y aplicando una conducta irresponsable de free ryder (utilizando los balones adquiridos por otros reales inversionistas).

En un mercado que creció al triple y que brinda mejores condiciones de servicio deberían haber invertido por lo menos el triple de lo que habían acumulado a 1994. Pero no; ante la nula efectividad de las medidas de control supuestamente garantizadas por el Reglamento, se inició una desleal competencia (sancionada en algunos casos por el INDECOPI), esperando que en algún momento vinieran tiempos mejores y se modificara el Reglamento para tener una cuerda de salvación que las salvara de la horca impuesta por la preferencia del mercado que cada vez las iba reduciendo en su participación.

Usaron argumentos falaces como el de la propiedad de los cilindros alarmando indebidamente a los consumidores, diciéndoles que los balones eran de propiedad de las amas de casa y que las transnacionales se los iban a quitar, apoderarse del mercado y subir los precios a su antojo. Igual denunciaron y difamaron Ministros y Directores Generales acusándolos de cómplices y sacando del sombrero la mágica solución que un Fondo de Reposición (por supuesto pagado por los propios consumidores y no por las envasadoras), sea el encargado de comprar los cilindros que estas empresas privadas (que lucran como privados), no habían sido capaces de hacer. Igualmente el Reglamento fue denunciado por supuestas barreras burocráticas e ilegales cuando el mismo no exige ni siquiera un solo balón (NI UNO), para autorizarlas a operar en nuestro país. En el extremo, en un increíble Harakiri, tuvieron la insensatez de decirle al mercado que todos los balones eran inseguros y que deberían ser cambiado de urgencia por constituir bombas de tiempo, pero sin decir cuantos comprarían estos señores con sus propios recursos para mantener sus propios negocios sino que los compre otro.
En este orden de cosas, el Ministerio de Energía y Minas ha prepublicado el 15 del presente una propuesta de modificación a algunas de las obligaciones y garantías que estableció el antes citado Reglamento en su año trece, algunas de cuyas principales fallas son:
  1. El proyecto vuelve a regular materias como el derecho de propiedad y la libertad contractual que, según ha sancionado el INDECOPI requieren rango de Ley.
  2. La novedad del proyecto de disponer la implantación de spychips en los balones obedece aparentemente a conseguir el mejoramiento en la fiscalización por parte de OSINERGMIN del control de los mismos, con lo cual dicha inversión debiera ser evaluada y asumida contra sus recursos por el propio OSINERGMIN (recursos que por lo demás se los otorga la industria en un 0.42% de la facturación), y no soplarle la pluma a las envasadoras y público consumidor. Debería ser además financiada con los propios ahorros que esperan lograr con un sistema de control más eficiente.
  3. El literal a) del Artículo 16° del proyecto establece la creación de un aporte monetario que tendrían que hacer todas las empresas envasadoras, entre otros fines, para el sostenimiento del Sistema de Control de Cilindros de GLP que crea el proyecto, en esta primera vez equivalente a 65 céntimos de nuevo sol por balón de 10 Kgs. De este modo, el sostenimiento del nuevo sistema se hará con los recursos del Fondo de Reposición, con lo que se estaría trasladando a los privados, llámese a las empresas envasadoras y público consumidor, el costo por una actividad estatal que implica los servicios administrativos o de fiscalización que, en su caso, le corresponde exclusivamente al Estado, a través de sus organismos competentes.
  4. El último párrafo del artículo 20º del proyecto faculta a las empresas envasadoras a utilizar cilindros ajenos cuando aquellos no hayan podido ser materia de canje. Uno de los atributos esenciales al derecho de propiedad es la posibilidad de uso exclusivo y excluyente del patrimonio, consecuentemente al permitir el aprovechamiento por terceros de parte de los activos de las empresas envasadoras se estaría configurando una grave violación al derecho de propiedad de los cilindros que no puede ser amparada por una norma.
  5. Una violación a la libertad de empresa se ve claramente materializada cuando el proyecto en su artículo 28º dispone que las envasadoras deberán comercializar sus productos exclusivamente bajo una sola marca, La multimarca constituye una práctica comercial moderna en todo tipo de productos que implica enormes inversiones en la creación, formalización y posicionamiento de la marca, inversiones que se verían perjudicadas. La marca como patrimonio intangible de la empresa, tiene un valor de mercado que estaría siendo confiscado con la disposición en cuestión.
  6. La Primera Disposición Transitoria dispone que en tanto no estén disponibles los chips y el sistema de control, los cilindros nuevos que se adquieran, deberán tener el rótulo “Fondo”. Ello significaría que constituirán parte de la masa de cilindros de uso común, no obstante aquello, se tratarían de cilindros adquiridos directamente por las empresas envasadoras, constituyendo un hecho confiscatorio.
En general el proyecto pretende regular formas y prácticas comerciales que debieran ser de decisión exclusiva de las empresas envasadoras que no olvidemos son negocios de privados, como por ejemplo la forma de adquisición de sus balones, la imposición de realizar inversiones (spychips), entre otros. Una exagerada intervención en una industria que camina bien y que sólo requiere una política responsable y con autoridad, que no propicie que los balones tengamos que pagarlos yo, tú y tú y tú para que inversionistas privados hagan negocio.

lunes, 26 de marzo de 2007

Spychips en el GLP - ¿Comienza un mundo de pesadilla?

Algunos amigos periodistas me han preguntado que esto de los microchips que el Ministerio de Energía y Minas propone obligar sean instalados en los cilindros de GLP rotulados en Kilogramos.

El propósito, según el proyecto de norma sobre canje de cilindros de GLP prepublicado en su Web (www.minem.gob.pe), es que estos microchips permitan el intercambio, almacenamiento y procesamiento de información relacionada con la fabricación y mantenimiento de los cilindros de GLP para que un también nuevo “Sistema de Control de Cilindros de GLP” identifique aquellos cilindros que se encuentren aptos para el envasado.

Por información de los promotores de esta iniciativa se trata de la tecnología RFID (Radio Frequency Identification), mediante la cual los microchips emiten una señal de radio y generan un número de serie único, utilizada en la gestión de inventarios.

La RFID viene a reemplazar a los códigos de barra que tienen una treintena de años. Algunas veces hemos visto estas etiquetas pegadas en un libro o en un CD comprado en las grandes tiendas. Generalmente son cuadradas y al despegarlas la parte interior es como una espiral de color rosa o azul metálico y que se usan (por ahora), como método antirrobo. La capacidad de memoria, reescritura y alcance de estas etiquetas es impresionante y las nuevas llevan antenas que hacen que sus datos puedan leerse a mucha distancia.

En nuestro país, tanto el Reglamento de Comercialización de GLP como las Normas Técnicas Peruanas (NTP), aprobadas por el INDECOPI, han recogido todas las precauciones técnicas, sólo que se conoce que existen en el mercado fabricantes que incumplen estas normas en cuanto a la calidad del acero utilizado, el grosor de las planchas, la calidad de la soldadura, etc. Así como empresas de supervisión que no ponen el cuidado suficiente en su labor, no son supervisadas o no cuentan con suficiente respaldo técnico para cumplir su función. Estos “cilindros bamba” tienen lógicamente en el mercado un precio menor que otros que si se fabrican cumpliendo las normas técnicas.

Como consecuencia el Ministerio propone ahora que se adicione un microchip a los balones, además de todo el hardware y software necesarios para la lectura y transmisión de datos, la implementación de un nuevo sistema de control electrónico de los cilindros de GLP, además de la incorporación en las plantas envasadoras de equipos de despacho que lean los microchips y determinen a quien despachan y a quien no, lo cual a simple vista parece innecesario si tenemos en cuenta que la vigilancia y sanción por incumplimiento de normas está a cargo del organismo regulador (OSINERG), y que además la industria del GLP aporta económicamente para que esta fiscalización se realice, y con éxito. Además, como en toda decisión empresarial que signifique incrementos de costos, al final los platos rotos los termina pagando el consumidor a través de mayores precios.

Hay mucho por comentar en torno a todas las propuestas de modificación del Reglamento que trae la propuesta del Ministerio de Energía y Minas y en sucesivas entregas las iremos analizando por su enorme importancia. En particular comentamos hoy sobre los microchips, sobre los que prefiero aceptar la caracterización de “spychips“ (chips espías) y sobre un aspecto ajeno a las consecuencias económicas derivadas de su implantación.

Se trata del atentado contra la privacidad de las personas que la tecnología RFID ha traído al mundo moderno y sobre la cual hay una alerta mundial, sobre todo de los consumidores .

“Y es que cada vez hay chips más sofisticados y menos detectables, de tal manera que los podríamos llevar puestos y no saberlo. La falta de regulación en este sector hace que la tentación sea irresistible: ¿te imaginas el valor que puede tener para un fabricante poder hacer un seguimiento de su producto incluso cuando este sale por la puerta del hipermercado? (
http://www.pixelydixel.com/2003/12/spychips-los-codigo-de-barras-caducaran-en-200x.html)
En mayo del 2001, IBM solicitó patente para identificación y rastreo de personas usando artículos con etiquetas de RFID. En agosto del 2001 Procter & Gamble solicitó patente para sistemas y métodos para rastrear a clientes en un entorno de tienda. En enero del 2004 Philips Electronics hizo lo propio para incorporar spychips en el calzado. Este mismo año se señalaba que ya los almacenes Walt Mart tenían una base de datos mayor a la de toda la Internet (New York Times – 14/11/04).

Todos estos antecedentes son señalados por Catherine Albretch (Directora de CASPIAN – Consumers Against Supermarket Privacy Invasión and Numbering) y Lyz Mc Intyre (Directora de Comunicaciones de CASPIAN en el libro “Chips Espias: Cómo las grandes corporaciones y el gobierno planean monitorear cada uno de sus pasos con RFID” (Grupo Nelson - 06/06/06). Indican en su obra que estos spychips (tan pequeños como una partícula de polvo), y que se vienen colocando en tarjetas de crédito, equipajes, jeans, zapatos, mascotas y ganado y hasta en el cuerpo humano no deberían ser usados para esclavizar a las personas y que los consumidores tenemos el derecho de estar informados de que se trata.

Señalan que el mundo que se viene sería sin ninguna privacidad en el que todas y cada una de las compras será supervisada y registrada en una base de datos y cada una de las propiedades enumeradas. Donde una persona a miles de kilómetros de distancia tiene un registro de todo lo comprado y que es posible que estemos en el umbral de un mundo aterrorizador si las corporaciones globales y agencias gubernamentales se salen con la suya. Un mundo según las autoras en que Wal Mart, Procter & Gamble, Kraft, IBM y aún el servicio postal de los Estados Unidos desea traer a la realidad en la próxima década.

Ambas autoras además han publicado en enero del 2006 el libroChrist “The Spychips Threat: Why ians Should Resist RFID and Electronic Surveillance” en el que Albrecht y Mc Intyre, que son cristianas, señalan aspectos religiosos sobre los implantes de microchips que podrían convertir al mundo en lo señalado en el Libro de las Revelaciones de la Biblia. De acuerdo con las Revelaciones, en “el tiempo del fin” la gente no podrá ser capaz de comprar o vender a no ser que estén numeradas y lleven una marca en su mano o frente.

¿Se animaría usted a llevar un spychip a su cocina?