domingo, 24 de mayo de 2026

Análisis crítico del Plan de Gobierno 2026-2031 de Juntos por el Perú: Tensiones constitucionales y riesgos macroeconómicos


 1. Introducción: Transparencia y acceso a la información

La Ley de Organizaciones Políticas (Nº 28094) establece la obligatoriedad de que las organizaciones políticas presenten y publiquen sus planes de gobierno ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE). Este requisito es fundamental para el ejercicio de un voto informado. No obstante, al intentar acceder al plan de la organización política "Juntos por el Perú" (JP) a través de canales oficiales, se observa una falta de visibilidad directa en su plataforma web. Ante esta opacidad, el presente análisis se ha estructurado a partir de la información proporcionada por el aplicativo oficial del JNE (“Chat con el Plan de Gobierno”), el cual sintetiza la propuesta programática de dicha agrupación para el período 2026-2031.

2. El conflicto constitucional: ¿Orientar o conducir?

El núcleo de la propuesta de JP representa una ruptura con el paradigma constitucional vigente. El ideario de la organización plantea que el Estado debe "recuperar la capacidad de conducir el desarrollo nacional". Esta terminología no es menor; implica una diferencia sustancial con el marco constitucional actual.

El Artículo 58º de la Constitución Política del Perú establece que el Estado tiene la función de orientar el desarrollo del país, actuando de manera subsidiaria. La distinción semántica y práctica es crítica: mientras que "orientar" implica la facilitación, regulación y promoción de un entorno favorable para el desarrollo, "conducir" denota una asunción del control directo, asumiendo la responsabilidad y la gestión operativa de los procesos productivos.

Esta visión de "conducción" contraviene la esencia del Artículo 60º constitucional, que limita la actividad empresarial del Estado a supuestos de subsidiariedad, bajo autorización de ley expresa y únicamente por razones de alto interés público o manifiesta conveniencia nacional. La pretensión de JP de reservar la gestión directa de recursos energéticos y estratégicos (gas, petróleo, agua, puertos, entre otros) parece ignorar estas restricciones constitucionales, proponiendo un modelo de gestión estatal centralizada que la historia económica nacional (especialmente durante la década de los 70 e inicios de los 80) ya demostró ser ineficaz.

3. Implicancias económicas y riesgos estructurales

El Plan de Gobierno de JP presenta un conjunto de metas —aproximadamente 35 — que, de implementarse, alterarían profundamente la estabilidad macroeconómica del país. Entre las propuestas más disruptivas destacan:

·         Política Fiscal y Tributaria: Se plantea elevar la presión tributaria al 25% del PBI, eliminar la totalidad de las exoneraciones tributarias (calificándolas de regresivas) e incrementar las regalías minero-energéticas en un 20%.

·         Intervencionismo Productivo: Se propone metas de control estatal sobre el 100% de los insumos y el 60% del oro producido por cooperativas mineras, además de someter el 100% de la producción de estas cooperativas a fiscalización estatal.

·         Gestión de Recursos y Concesiones: Se busca extinguir el modelo actual de concesiones, reduciendo plazos de 30 a 5 años y forzando la reversión de concesiones al control estatal.

Estas medidas, bajo una óptica técnica, presentan serios riesgos. La pretensión de aumentar la presión tributaria en un contexto de potencial fuga de capitales —derivada de la inseguridad jurídica que genera la renegociación unilateral de contratos— podría resultar en una contracción de la base imponible. Si la inversión privada, especialmente en minería, se reduce ante la incertidumbre, la recaudación fiscal caería, comprometiendo la sostenibilidad de los programas sociales que el propio plan promete financiar.

4. La paradoja de la capacidad estatal

Uno de los puntos más críticos del plan es la contradicción entre la ambición de control estatal y la realidad administrativa. El documento aboga por una mayor intervención en sectores estratégicos, pero omite un diagnóstico realista sobre la capacidad real de ejecución del aparato público.

Con más de 2.500 obras paralizadas a nivel nacional —principalmente bajo gestión de gobiernos subnacionales—, la propuesta de entregar mayor control de recursos a un Estado con evidentes deficiencias técnicas y problemas de corrupción sistémica resulta, cuando menos, contraproducente. La historia reciente, marcada por el fracaso de las empresas estatales creadas en los años 70 y su posterior desmantelamiento tras la crisis hiperinflacionaria, sirve como advertencia sobre los peligros de sobredimensionar el aparato empresarial del Estado sin contar con mecanismos de gestión eficiente y meritocrática.

5. Conclusión: Un manifiesto ideológico frente a la realidad técnica

El Plan de Gobierno de Juntos por el Perú para el período 2026-2031 se configura más como una declaración de principios ideológicos que como una hoja de ruta técnica viable. Si bien logra visibilizar demandas legítimas de sectores vulnerables y comunidades postergadas, su propuesta económica sufre de una desconexión fundamental con la realidad macroeconómica y el marco constitucional peruano.

La implementación de este modelo, caracterizado por un sesgo intervencionista, la renegociación unilateral de tratados y el control estatal de sectores estratégicos, no garantiza la prosperidad de los sectores que pretenden proteger. Por el contrario, al erosionar la seguridad jurídica, debilitar la inversión privada y sobrecargar un aparato estatal con limitaciones crónicas de gestión, el plan corre el riesgo de generar un estancamiento económico que terminaría afectando, paradójicamente, el bienestar social que se busca promover. En última instancia, la propuesta parece ignorar que el desarrollo nacional requiere un Estado robusto en su capacidad regulatoria y fiscalizadora, no necesariamente en su rol de empresario directo.