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lunes, 20 de agosto de 2007

Con PECSA también se puede


Una semana terrible en nuestro país, marcada por trágicas escenas de dolor resultantes de un fuerte terremoto que quedarán por siempre vivas en nuestras memorias, como igualmente marcadas quedarán, en mi concepto, las enormes muestras de solidaridad de todos los peruanos y las emotivas demostraciones de ganas de ayudar de todos, pero sobre todo de los más jóvenes. Mi hijo – y lo digo con orgullo -, como muchos otros jóvenes se acercó a donar sangre y esto y los gestos de otros tantos miles de jóvenes nos hace sentir confiados en que tenemos aún mucho por dar y mucho por lograr en todos los ámbitos.

De esta manera, con tanta fuerza, juventud y voluntad ¿como podríamos desconfiar en que si se puede reducir la pobreza de 50 a 30%, el analfabetismo de 12 a 4% y la desnutrición crónica de 25 a 16% en los próximos 4 años?

Nuestra característica de peruanos es que nos crecemos ante todas las dificultades; ante la desocupación creamos nuestras propias fuentes de trabajo; ante el hambre surgieron las madres de familia con sus comedores populares; ante el terrorismo, las rondas campesinas y la autodefensa; ante los fracasos del fútbol profesional, la Sub 17 nos devuelve la imagen de jóvenes pujantes, los jotitas, que despliegan pundonor y vergüenza para darnos, como ya lo hicieron, una victoria en un Mundial luego de decenas de años de oscuras intervenciones.

Esta semana había previsto destacar la experiencia PECSA (Peruana de Combustibles S.A.), en el mercado nacional de hidrocarburos, tema que por lo demás es abordado con particular interés en nuestras universidades. Por supuesto que nunca pensé que lo haría teniendo como prólogo el terremoto del 15 de agosto que asoló nuestro país.

Este 27 de agosto, PECSA cumplirá diez años desde que inició sus operaciones con el primer despacho de combustibles desde la Planta Callao. Ocupaba yo en ese entonces la Gerencia del Departamento de Ventas de PETROPERU, lo que me convierte en testigo de excepción de cómo se llegó a cristalizar lo que hoy es un vigoroso grupo empresarial que ha facturado 704.3 millones de USD el año 2006 (1 USD = 3.275 PEN) y que lleva en los canopys de sus Estaciones de Servicio los colores rojo y blanco de nuestra bandera nacional.

Los comienzos no fueron fáciles para PECSA. Se constituyó el 12-09-94 y recién en julio de 1997 pudo obtener el permiso correspondiente del Ministerio de Energía y Minas en medio de una serie de trabas burocráticas e igualmente, porque no decirlo, de presiones a las autoridades de parte de otras distribuidoras mayoristas para dilatar su operación. Tiempo de privatizaciones; algunos creían que esto sólo podía significar capital extranjero e incapacidad del empresariado nacional para jugar un rol importante en el escenario de competencia. Por su parte PECSA se presentaba como una alternativa nacional lista para competir de igual a igual con inversionistas extranjeros.

Uno de los problemas para atender a PECSA era que la política comercial de Petroperú establecía facilidades de pago para las distribuidoras mayoristas surgidas en el proceso de privatización mismo. Por supuesto que las grandes empresas internacionales presentes en el Perú no necesitaban afianzar sus créditos dada su espalda financiera, pero la misma situación no se podía aplicar a una nueva cadena comercial sin mayores referencias que las personales de sus principales directivos. Se confiaba en la gestión y seriedad de la nueva distribuidora, pero no había consenso suficiente para correr el riesgo. Finalmente la alta administración de Petroperú dio la aceptación para que PECSA también goce de crédito sin afianzamiento bancario. Otros tiempos; tiempos en que la administración comercial de Petroperú lograba hacer comprender que los negocios tenían ciertos riesgos que en algún momento deberían ser asumidos si se quería tener buenos resultados y en que había que vender y no esperar a que le compren.

La Refinería de La Pampilla había sido adquirida por Refinadores del Perú el 11-06-96 en subasta pública y dentro de sus accionistas tenía a Mobil, Repsol e YPF, con lo que Petroperú S.A., (que había constituido Refinería La Pampilla S.A. el 18-11-94 para su privatización), y que no había logrado privatizar la refinería de Talara se había quedado sin brazos comerciales importantes. En ese escenario era más bien justificable que una propuesta como la de PECSA surgiera como muy valiosa para Petroperú.

PECSA era un grupo de propietarios de estaciones de servicio que habían visitado otros países en los que habían visto y aprendido de experiencias privatizadoras. Su propuesta no era contra el proceso de privatización, sino a favor de poder constituir una distribuidora mayorista con capitales de los propios griferos. Cerca de la sede central de Petroperú, en Augusto Tamayo, se vivieron los instantes iniciales del diseño de sus puntos de venta, los uniformes, el logotipo, sus evaluaciones económicas, etc. La propuesta, de por si agresiva, era hacerle frente en un mercado de libre competencia a las nuevas empresas extranjeras que ingresaban con inversión al Perú pero no suficientemente tropicalizadas como para tener éxito. Petroperú participó con inocultable aprecio a la inauguración de sus primeros puntos de venta. Y es que nos sentíamos parte de esos logros.

La cadena Shell aspiraba a constituirse en la líder del mercado y la enorme transformación que surgieron sus estaciones de servicio las posicionaron como vitrinas eficaces vitrinas ante los ojos de automovilistas que veían así superar las enormes deficiencias que tenía Petroperú y sus estaciones entregadas a concesionarios con serios problemas de imagen. Hoy Shell ya no opera en el Perú aunque por ese entonces apostaban a que PECSA no sobreviviría ni siquiera tres meses.

TEXACO, igualmente presente en el negocio de Estaciones de Servicio, miraba con incredulidad la aparición de PECSA y desarrollaba una agresiva campaña de afiliación a pesar de la enorme carga financiera que le significaban las malas deudas. TEXACO incluso apostó en sus contratos a que mantendría precios competitivos frente a otros competidores, compromiso que no pudo honrar y que le costó una serie de derrotas judiciales. Finalmente, en abril del 2005, fue PECSA quien adquirió el 99.99% de las acciones de Chevron Texaco Petroleum Company S.R.L. que administraba el negocio mayorista de combustibles.

PECSA, al cierre del año 2006, llega con combustibles líquidos a 70 ciudades con una importante participación de mercado de 17.5% y una red de 179 Estaciones de Servicio. En el caso del GLP tiene el 4.2% del mercado con 31 gasocentros. Los resultados financieros son de lo mejor, con un ratio de utilidad neta sobre patrimonio de 19.2% y un palanqueo de activos con pasivo no corriente de 11.8%. Su utilidad neta el año 2006 ha sido de 12.1 millones de Nuevos Soles.

Sin duda que la experiencia PECSA es una demostración más que también en las cadenas de Estaciones de Servicio los peruanos ¡Si Podemos!

lunes, 23 de abril de 2007

Réquiem para las gasolinas motor

Mal negocio para las estaciones de servicio y grifos que venden gasolinas en nuestro país. En los últimos 6 años (2006 vs 2000), las ventas de estos combustibles han disminuido 21.4%. Y los resultados del primer bimestre 2007 no podían ser más desalentadores; Se ha vendido prácticamente lo mismo, pero con una alarmante baja de 6% en las ventas de gasolina 84, de 3% en las de 98/97 y de 10% en la de 95 octanos, con relación al mismo período del año anterior. En pleno crecimiento económico, sólo la de 90 octanos ha crecido un casi imperceptible 1.3%. Por su lado, los puntos de venta formalmente registrados han pasado de 2,120 en diciembre del 2000 a 3,453 en febrero 2007; un crecimiento de 63%. Resultado: las ventas promedio bajaron de 504 a 243 Glns/DC por punto de venta.

Agreguémosle que el precio medio al consumidor de Lima de la gasolina 84, por ejemplo, se incrementó de 2.26 a 3.21 USD/Gln, lo que implica un alza de 42% en el precio en Dólares entre marzo del 2007 y diciembre del 2000.

Esta combinación de menores ventas de gasolinas, precios en crecimiento y mayores puntos de venta es seguramente una de las causas para que crezca la orientación de las gasolineras a invertir en puntos de venta de GLP, al nivel que ya en febrero tenemos 160 en todo el país.

Tal como los propios automovilistas crearon la demanda de GLP automotor en el Perú y la siguen empujando, sin ningún apoyo oficial y sin que se le de importancia en el cambio de la matriz energética, de la misma manera éstos han creado su propia oferta. Para los griferos inversionistas, el GLP ha sido una herramienta para superar los malos tiempos. Se invierte menos en capital de trabajo y la rotación es más alta (en la Planta Petroperú un Galón de Gasolina 90 cuesta 3.32 USD/Gln, mientras que un Galón de GLP se vende a 1.34 USD). Hoy se venden cerca de 200 mil galones diarios de GLP automotor, mientras que las ventas de gasolina han bajado 228 mil galones diarios en los últimos seis años.

De todas maneras, los promedios que aquí presentamos esconden desniveles en el negocio entre Lima y provincias y entre puntos de ciudad y de carretera y una situación poco alentadora para los negocios que no tienen facilidades de venta de GLP automotor, complicada aún más con una información oficial que ha descuidado la promoción necesaria y creado confusión sobre donde dirigir las inversiones.

Un punto adicional en el que deberán pensar los inversionistas en Estaciones de Servicio es el referido a la desaparición del combustible gasolina motor como tal, para ser sustituido totalmente, a partir del 1 de enero del 2010 (en menos de mil días), por el Gasohol. Se requiere aquí un esfuerzo de marketing para posicionar mejor el nuevo combustible. Yo preferiría que hablemos de nuevos combustibles y no de mezclas de gasolinas.

El Gasohol contiene gasolina y alcohol carburante (etanol anhidro desnaturalizado). La incorporación de Etanol Anhidro aprobada por el D.S. 021-2007-EM (18-04-07), es de 7.8%.

La Comisión Técnica creada por la Ley 28054 “Ley de Promoción del Mercado de Biocombustibles”, en su informe final de mayo 2004, había señalado que la generalidad de los fabricantes de autos del mundo aceptaba la posibilidad de utilizar mezclas de hasta 10% sin que para ello se requiera modificación de los motores de los vehículos. ARAPER (Asociación de Representantes Automotrices del Perú), manifestó que la mezcla debería ser de 8% considerando las condiciones de nuestro parque. La recomendación de la Comisión Técnica que ahora, luego de tres años, recoge el D.S. fue de incorporar hasta 7.8%.

En Dinamarca y Tailandia mezclas de 10% se han introducido masivamente y en este último país reemplazará totalmente a la gasolina pura de alto octanaje el presente año. Se encuentra disponible también en el medio oeste de los Estados Unidos. También se vende en Australia a un precio inferior al de la gasolina sin plomo convencional. Me queda sin embargo la duda sobre los efectos del Gasohol en motores más antiguos sobre los que no hay mayor referencia e igualmente en motores duales GLP/Gasolina.

La citada Comisión señaló que la adición de Etanol Anhidro no creaba otro tipo de combustibles y que las gasolinas seguirían manteniendo la nomenclatura de 84, 90, 95 y 97. El D.S. sin embargo introduce la nomenclatura Gasohol (que ya se usa en el mundo desde hace más de 20 años), lo que me parece adecuado para diferenciarla de la gasolina pura (aunque ésta ya no se comercializaría).

Sin embargo, el adicionarle como se ha hecho en el D.S. el término Plus a todos los octanajes no me parece adecuado, en la medida que este más bien es un término comercial. ¿En que diferenciaríamos entonces el Gasohol 97 Plus del Gasohol 84 Plus? Me recuerda cuando en Petroperú hablábamos de Gasolina regular, super y al final super extra para la de 97 octanos.
No hay derecho, con esto ¡se acaba la inspiración comercial!