viernes, 20 de enero de 2012

Algo que se omite ¿quién pone los balones de GLP?

Un tema que omite la propuesta legislativa del Sr. Congresista por Loreto Víctor Isla Rojas, a la que nos hemos referido en nuestro post anterior (recarga de balones para GLP en gasocentros) es la referencia, a los balones en que se efectuaría la operación de carga y recarga, de prosperar dicha iniciativa. Lo que sucede es que existe el temor que se manosee interesadamente un tema técnico con otro que tiene que ver con la propiedad del bien que se desea enajenar sin autorización de su legítimo propietario. Dicho esto y con riesgo a que, ante la ausencia de justificaciones técnicas para la propuesta, se me califique de defensor de las envasadoras, señalo lo siguiente:
  1. Desde el año 1994 en que se aprobó el Reglamento de Comercialización de GLP se dispuso que el GLP en caso de ser envasado debería hacerse en balones rotulados en alto relieve con la marca de la empresa propietaria, en Kilogramos y se asignó la responsabilidad por su conservación, mantenimiento y reposición a las empresas envasadoras propietarias de los mismos, prohibiéndose por razones de seguridad y garantía de la promoción de la inversión privada que puedan ser rellenados por otras envasadoras no propietarias pues finalmente la responsabilidad por cualquier indeseado siniestro, como es lógico, recaería en la envasadora propietaria del balón, la que por su parte adquiere los seguros necesarios que cubren eventuales siniestros.
  2. De aprobarse la propuesta en comentario no habría ninguna garantía para que las empresas envasadoras y los seguros que las cubren asuman alguna responsabilidad por un balón recargado en un gasocentro, que ha perdido mantenimiento por cuanto el ama de casa que lo recarga no haría el trabajo de las envasadoras y que además ha sido manipulado ilegalmente por un tercero que no es el propietario del balón; Y el derecho de propiedad sobre los balones es un tema inseparable de la operación segura de carga de balones de GLP.
  3. Una mala señal sería la que se daría al mercado de aprobarse propuestas de este tipo pues, mientras por un lado las envasadoras formales deben gastar en mantenimiento de balones e invertir en su adquisición para reponer los obsoletos y ampliar la atención en mercados fuera de Lima, por otro lado no se respetaría su derecho de propiedad y se autorizaría que un operador de gasocentro, sin haber invertido en balones ni mantenimiento, pueda hacer negocio rellenando los balones de terceros. De esa manera ¿Qué incentivo tendrían los envasadores para invertir en balones? ¿Se pediría seguramente que sea el Gobierno el que adquiera los balones y se haga responsable del mantenimiento de los mismos? Pierde el mercado, pierde la cadena de valor y perdemos todos los peruanos.
  4. De igual manera resultaría atentatorio de la libre competencia que mientras se exige legalmente a las envasadoras formales operar sus plantas con estrictas y costosas medidas de seguridad para una operación eminentemente industrial, por otro lado se permita que una instalación comercial como lo es el gasocentro, se dedique a la recarga de cilindros en ambientes inseguros, con vehículos en circulación y con los mayores riesgos por las fugas de GLP que se producirían en cada recarga.
Creo finalmente que, quienes defienden este proyecto, de seguro operan con buena intención pero con cierta candidez que los llevan a declarar que el proyecto va dirigido a aquellos gasocentros que cumplan con las medidas de seguridad y que puedan, con los acoples y válvulas adecuadas, recargar los cilindros. Asegurar esto en medio de un mercado caracterizado por la falta de control es lo más inseguro que pueda darse.
Señalo aquí los resultados publicados sobre la experiencia paraguaya que se pretende tomar como modelo. Los resultados con el transcurso de los años apuntan a un incremento de la informalidad y una violación persistente de las normas de seguridad conforme da cuenta el diario Última Hora en su edición del 26-11-2009 y del cual reproduzco lo siguiente “Salvo algunas excepciones, las estaciones de servicios que activan en el país violan, abiertamente, las disposiciones de seguridad para la carga de garrafas de uso domiciliario. Los gasolineros no adquieren los gabinetes de despacho seguro y proceden a vender el GLP conectando a los envases un artesanal adaptador, con lo que el peligro de accidente o explosiones son más que posibles. El Ministerio de Industria y Comercio (MIC) es el responsable directo. No ejerce control sobre las estaciones de servicios, lo que permitió que la impunidad cada vez sea más extendida, en virtud de que los inspectores públicos brillan por su ausencia o no tienen autorización de sus jefes para salir a las calles… Por otro lado, la Asociación de Propietarios de Estaciones de Servicios (APESA) había prometido ante el propio Congreso Nacional, durante el estudio de la ley que autorizaba la venta al menudeo de gas, que ningún socio iba a vender GLP sin ajustarse a lo que establece la ley. Es más, esta organización empresarial había asumido el compromiso de que iba a ser celoso custodio de la gente para precautelar la seguridad de los consumidores. De aquel tiempo a ahora, las promesas no dejaron de ser tales.”
Si tenemos lecciones aprendidas ¿Por qué insistir en la propuesta?














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