lunes, 14 de agosto de 2006

GLP, CALIDAD DE VIDA Y POBREZA

El censo desarrollado el 2005 por el INEI nos trajo como resultado que un 50.6% de los hogares peruanos utilizan GLP para cocinar, cifra más que importante para la mejora de la calidad de vida en nuestro país. Representa un crecimiento de 7.3 puntos porcentuales al compararse con los resultados de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), del IV Trimestre del 2001. En dicho lapso cerca de 600 mil hogares más han empezado a consumir este combustible hasta totalizar 3.1 millones.

En el caso del Kerosene, igualmente es importante señalar que se reporta que sólo un 6.5% de los hogares lo utilizó el año 2005 para cocinar.

Por el lado del consumo de leña para cocinar igualmente se reporta una disminución de 8.4 puntos porcentuales bajando de 41.0 a 32.6% en los últimos 4 años.

Estos resultados así tomados serían suficientes para llenarnos de ánimo pues conocemos lo dañino que resulta para las amas de casa desarrollar sus tareas domésticas en ambientes llenos de los humos provenientes, principalmente, de la leña además del tiempo que dedican a su recolección y a la depredación que ésta significa.

Diferentes factores se han juntado para que se presente este cambio en nuestro país.

En primer lugar el esfuerzo de la inversión privada para ampliar la distribución del GLP a través de la inversión en cilindros, la entrega gratuita de cocinas y cilindros en zonas rurales, el desarrollo de alianzas estratégicas, la implementación de contratos de maquila y la mejora incesante del servicio. Por el lado del Gobierno se cuenta la eliminación del Impuesto Selectivo al Consumo y la puesta en marcha del proyecto Camisea que significó una disminución sensible de los precios al consumidor, así como el desarrollo de campañas como “Mi Cocina” para llevar GLP a los comedores populares en asentamientos humanos. De la misma forma, un crecimiento del precio del kerosene de 82.7%, muy superior al 5.5% del precio del GLP en los últimos cinco años.
Quisiera sin embargo, destacar un aspecto poco tocado de la penetración del GLP y es el correspondiente a la estructura de consumo por niveles de pobreza.

A partir de la ENAHO 2001 he consolidado los hogares consumidores agrupándolos por Departamentos en atención a la magnitud de pobreza tanto para dicho año como para el 2005, manteniendo a los departamentos en su mismo nivel para facilidad de cálculo.

Los niveles de pobreza considerados son tres; los de pobreza generalizada (la pobreza afecta al 70% o más de la población), los de pobreza alta (la pobreza afecta entre el 50 y el 69% de la población) y los de pobreza media (pobreza menor al 50% de la población).

A partir de esta clasificación se obtiene una mejora de 16.6% en los hogares consumidores de pobreza media, mientras que en los de pobreza alta y generalizada (lamentablemente), se presentan retrocesos en el porcentaje de hogares consumidores de GLP de 6.5 y 4.4 puntos porcentuales, respectivamente.

Es así como el crecimiento de 7.3 puntos porcentuales en los hogares consumidores peruanos encierra las diferencias negativas en los hogares más pobres. Importante por un lado pero preocupante por el otro pues significa la ampliación de la brecha social en lo que implica la mejor calidad de vida. En los departamentos de pobreza generalizada sólo el 12.5% cocina con GLP mientras que en los de pobreza media se alcanza una utilización del 83.2%

Esta situación obedece a la nula preocupación de la política gubernamental por las condiciones en que cocinan los sectores más pobres del país. Si bien es cierto el precio del GLP no ha crecido y el del Kerosene lo ha hecho muchísimo no se ha avanzado en la implementación de medidas promocionales para que estos hogares más pobres tengan también la oportunidad de acceder a combustibles limpios para cocción y para calentar sus hogares.

No deberíamos consentir más las imágenes de niños compatriotas que se mueren de frío y que siguen respirando humos tóxicos dentro de sus habitaciones. Aprovechando el reciente cambio de gobernantes, la iniciativa privada debe ser convocada para que junto con el Gobierno se puedan desarrollar programas de reemplazo de leña por GLP en las zonas rurales.

La experiencia colombiana es realmente una guía para llamar la atención a nuestro Gobierno por el descuido. En Colombia se llega con cilindros de 15 Kilogramos a hogares que usan leña a pesar de las difíciles condiciones de acceso pero con el compromiso de su utilización y recarga. Los hogares hacen un aporte simbólico por el GLP, cocina, cilindro y accesorios y el Estado pone el resto. Los privados se hacen responsables de la vigilancia de uso y de la llegada hasta el consumidor censado.

Se imaginan el resentimiento acrecentado que tienen nuestros compatriotas más pobres cuando sin acceder al GLP, escuchan la publicidad oficial acerca de lo conveniente que resulta el Gas Natural, la preocupación para que baje su precio y el tendido de tuberías que nunca llegarán a las comunidades dispersas en las que el GLP si es una solución inmediata.

Bien por el cambio en los hogares hacia el GLP pero aprovechemos que el último censo nos puede dar la información detallada de los hogares que aún usan leña y que superan el millón en los departamentos de pobreza generalizada. Establezcamos una meta de conversión a pesar que el esfuerzo parece grande pero no debe ser omitido. Tomemos por ejemplo, los departamentos cuyos hogares en más de un 70% usan leña para cocinar, Cajamarca (79.5%), Apurímac (78.9%), Amazonas (77.0%) y Huancavelica (72.4%), prioricemos pero no omitamos. Este es un compromiso con los más pobres.